martes, 10 de julio de 2012

LOCUTORES Y LOCUTORAS: EL ARTE DE SU VOZ Y DE SU CREATIVIDAD


RESUMEN: las pautas para ser un buen locutor o locutora está dada desde el momento en que la persona asume el compromiso y responsabilidad que implica estar frente a un micrófono para dirigirse a la audiencia. Para esto no es necesario tener una buena voz, es decir una grave en el caso de los varones y una delicada en el caso de las mujeres, lo que normalmente exigen algunos medios. Por el contrario uno debe ser lo más natural posible, para no aburrir, sofocar y menospreciar a las personas del pueblo que en definitiva no hablan así, además la voz autóctona sirve para fomentar la identificación de las personas con la emisora o del programa, que es lo que se busca. Con naturalidad uno puede generar amigos, promover la participación, y evitar las barreras que muchas veces se interponen entre el locutor (que es la imagen y voz de la radio) y la audiencia.
Para complementar la naturalidad, que es básicamente el reflejo del arte de su voz, es menester que el locutor haga uso de su creatividad para evitar caer en lo rutinario y monótono.
Así también parte del compromiso radiofónico consiste en que el locutor se debe identificar con su público objetivo, debe tener en cuenta sus gustos, preferencias, su forma de expresarse, su dialecto y sus regionalismos, el locutor debe sentir lo que sus oyentes sienten e identificar sus necesidades humanas (a lo que llamamos empatía). Un locutor debe promover un ambiente íntimo, familiar, local, regional para que las personas le abran las puertas de su casa. Este ambiente debe estar marcado por la armonía de la población con la radio.

PALABRAS CLAVE: locutor, locutora, radio, audiencia, capacidades, destrezas, voz, naturalidad, empatía, respiración, pronunciación, regionalismo.

Una de las más grandes intrigas que surcan nuestra mente cuando iniciamos un programa radial es a quién podemos elegir de locutor, pues conocemos que este personaje es el representante de la estación radial mientras esté al aire, y el oyente juzga a la estación por medio de sus intervenciones. Entonces hay que elegir un buen conductor… qué momento difícil. ¿Quién puede conducir? ¿Lo elegimos por la voz, por el carisma, por su verborrea, por la simpatía, por sus conocimientos? No siempre la voz más bonita es el mejor conductor. También tendríamos que definir: ¿Qué es una voz bonita? Nos han acostumbrado a las voces artificiales de las FM con locutores y locutoras que hablan en tono afectado que nada tienen que ver con el modo con el que hablamos en la vida cotidiana. Entonces ¿Qué es ser un buen locutor?
Andrea Holgado define a un buen locutor en su libro Radio itinerante:
“un locutor debiera ser aquella voz amistosa en la casa, que el radioescucha estuviera tentado a responderle”, y como muchas cosas que suenan sencillas, el hecho de que un locutor pueda hacer esto requiere de una base de educación  especializada, que llegue a ser, en mucho, una parte de el mismo, de tal manera que él y el oyente no estén conscientes de esto.
Más allá de locutores que tienen voz linda, que impostan bien su voz, que sean personajes sobresalientes y admirados a los que imitamos por su fama, las audiencias necesitamos como locutores a personas que simplemente sean nuestros amigos, que se identifiquen con nosotros, que comprendan y entiendan nuestros sentimientos, emociones, ideas y pensamientos (empatía), que nos acompañen, que nos hagan reír, llorar, entristecerse, encolerizar y soñar si es preciso y demostrarnos que él o ella también son capaces de hacerlo (sin caer en exageraciones, sobreactuación y llegar a perder la jovialidad, energía y dinámica para conducir el programa) , que también son personas comunes a las que debemos respetar pero no seguir, envidiar o venerar por sus grandes dotes. Es decir, un locutor radiofónico debe comunicarse a sus anchas, y comunicar es darse y darse auténticamente, no con fórmulas; locutor no es quien habla y habla con voz de tenor, sino es aquel que establece la comunicación con el otro, es el que se hace escuchar. (http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/160/16008010.pdf)
Estas características de locutor y del ambiente familiar e íntimo que puede generar entre él, sus compañeros y las audiencias, son atribuibles a su naturalidad. Y ser natural para los agentes encargados de la radio es ser alegres, entusiastas, simpáticos, platicadores y no aburridos, improvisados, reservados o ensimismados. Ser natural es alcanzar un tono coloquial y fresco, olvidar que tenemos un micrófono delante para transmitir la misma sensación a sus oyentes, pues el mejor locutor es quien no parece. Además la naturalidad permite que a través de las ondas hertzianas se transmitan los sentimientos a los radioescuchas, es decir, “la personalidad se refleja en la voz” y el oyente debe disfrutar escuchando una voz que sugiera sinceridad, que sea vital y amable, cálida y confiable; y como lo decíamos anteriormente uno como locutor debe identificarse con la audiencia (necesidades, emociones, sentimientos, etc.) pero no debe perder su  profesionalismo, su capacidad de renunciar a sus propios dilemas antes de entrar a cabina para entregarse únicamente a sus oyentes. (la voz de un locutor debe generar credibilidad: http://www.icono14.net/revista/num6/articulos/articulo%20julia/julia%20gonzalez.pdf)
Parte de la naturalidad en la locución también es expresarse libremente con todo el cuerpo, no limitarse solo a hablar como cacatúa; uno debe aprovechar todos sus músculos para gesticular bien y enérgicamente (así evitar la tergiversación del las palabras o del mensaje por una inadecuada pronunciación), para mover los brazos y otras partes del cuerpo si es indispensable, pues, el relajamiento del cuerpo contribuye al énfasis de la palabra. El esconder los brazos o evitar hacer movimientos complementarios te sugestiona y te pone más tenso lo que le va restando naturalidad a la intervención.
Otro de los requisitos indispensables que enriquece la naturalidad de los locutores, es la empatía con su audiencia, esta es la palabra clave en la comunicación radiofónica y que va más allá de las lindas voces, conocimientos y habilidades como orador. Ponerse en los zapatos del otro (oyentes) significa que las emociones de los demás resuenan en nosotros, es decir, sentimos cuales son los sentimientos del otro, cuán fuertes son y qué los provocan.
La empatía involucra nuestras propias emociones, y por eso entendemos cabalmente los sentimientos de los otros, además de entenderlos con nuestras mentes. Cuando hablamos de empatía también nos referimos a la comprensión de las perspectivas, pensamientos, deseos y creencias ajenos. Por eso la empatía en la comunicación radiofónica es clave: permite percibir las sutiles señales sociales que indican qué es lo que está sucediendo, percibir climas colectivos o grupales.





En un análisis general, y para encaminarnos a otro aspecto importante de la radiodifusión, reconocemos que la locución permite y forja la comunicación de ideas y emociones, como también la proyección de la personalidad a través de la naturalidad, vitalidad y pronunciación. Entonces podemos afirmar que la base de un buen locutor es la naturalidad entrenada, porque debemos tener en cuenta algunas apreciaciones ya mencionadas. (algunos errores de locución que debemos evitar: http://bocc.ubi.pt/pag/rodero-emma-erros-locutor.pdf)
Pero si nos inquieta saber ¿qué hacer con los regionalismos o dialectos de los locutores? ¿Deberíamos o se puede homogenizar el habla de los locutores? Parte de la naturalidad entrenada del locutor es expresarse tal y como lo hace cotidianamente, como ya lo mencionamos, sin alterar nuestra voz, pues eso enriquece las bondades que brinda la radio a los oyentes, contribuye a la identificación de la audiencia con los locutores y con las emisoras, genera mayor confianza y establece el sentimiento de igualdad entre los de la radio y los públicos, asimismo disminuye los complejos de superioridad de algún osado locutor. Pese a las ventaja que un dialecto o un regionalismo genera, lamentablemente aún existen manuales, dossiers, pautas de locutores que buscan entrenarlo para homogenizar su acento, incluso existen profesores tradicionales que tergiversan el término profesionalismo, para indicar que es la capacidad de optar un acento hegemónico para hablar por radio, y que no entienden que es imposible lograr la unanimidad del habla: en el mismo idioma español, por  muy español que se llame, difiere en el mismo país y en las que antaño fueron sus colonias.
Entonces con esto desmentimos que el profesionalismo se refiere a hablar con un acento neutro, sin impurezas ni cadencias, sin translucir el lugar de donde provenimos, esto es una obsesión que perdura desde antes, pero no se ha conseguido hasta nuestros días, por lo tanto es justo y necesario que “dejemos el acento neutro —tan imposible de lograr como aburrido si lo logramos— para los lingüistas melindrosos. Y que las chilenas sigan hablando con sus agudos y los mam de Guatemala con sus guturales y los aymaras de los Andes con su irrepetible k' y las brasileras con sus múltiples sotaques. Que cada país y cada etnia tenga su tonalidad propia.”
Sin embargo no debemos utilizar a los regionalismos y dialectos como excusas para tapar los errores de dicción que cometen los locutores al aire, bien sea por los nervios, por leer apresurados y sin vivificarlo, por la inadecuada articulación, o una mala dicción. En el primer caso conviene decidirse a vencer el miedo y por ende los nervios, luego entrar a la cabina con ánimo positivo y mucha disposición, respirar profundamente antes de empezar a hablar (para oxigenar el organismo y relajarse) y sobre todo conocer bien lo que se va a decir (preparar con anticipación el programa y organizar las ideas). En el segundo caso, el locutor debe cambiar su noción y costumbre errónea de leer o de sonar a leído lo que vamos a decir; cuando tengamos que leer el libreto de cualquier formato de programación u alguna información o dato debemos hacerlo como si estuviéramos conversando, es decir de forma natural, calmada, pausada y fresca; entonces la clave es aprender a leer como si estuviéramos conversando con la audiencia y así evitaremos trabar la lengua y pronunciar mal las palabras. Aunque el problema de la incorrecta articulación se debe también a la inadecuada respiración, pues en general no estamos acostumbrados a inspirar por largos periodos e ir espirando lentamente para tener aire en los pulmones y estar en la capacidad de hablar pronunciando bien cada palabra que corresponde a nuestro mensaje que será transmitido por la radio. Aprender a articular adecuadamente las letras y palabras también nos ayudan a mejorar nuestra dicción.



Para concluir este artículo quiero compartir las siguientes líneas de un libro que estuve leyendo. En este párrafo se recopila las pautas que seguía o acaso sigue la National Broadcasting Company de los Estados Unidos para seleccionar y entrenar a los locutores de radio:
Un locutor de la NBC se espera que tenga un término medio en lo siguiente: una buena voz, pronunciación clara y libre de acentos regionales o dialectos; habilidad para leer bien; conocimiento suficiente de las lenguas extranjeras para la pronunciación correcta de nombres, lugares, títulos, etc. Conocimiento de la historia de la música, composiciones y compositores; habilidad para leer e interpretar poesías; facilidad para improvisar discursos; habilidad para vender, en la lectura de la continuidad comercial; habilidad en el manejo de detalles técnicos de operación de la consola, educación universitaria.
Este fragmento probablemente despierte muchas posiciones, en cuanto a mí respecta difiero con algunos aspectos que exigen, sin embargo hay exigencias que son necesarias como la pronunciación clara, tener un amplio bagaje de conocimientos, la habilidad de improvisar, el conocimiento de detalles técnicos (porque un locutor debe ser integral y no se debe dedicar solo a hablar). Partiendo y reiterando que un buen locutor necesariamente no debe tener buena o linda voz y no debe renunciar a su dialecto para dirigirse a los radioescuchas, invito al lector del presente a que analice los requisitos de la NBC, teniendo muy presente que este artículo se hizo con la finalidad de redefinir lo que es ser un locutor, superando algunas desventajas y malos hábitos y fortaleciendo las características positivas.



ANEXOS: 


AUDIO:




VÍDEO:








SÍSNTESIS CONCLUSIVA: una vez más reiteramos que para ser un buen locutor o locutora no es necesario tener una “buena voz”, solo vasta ser y actuar como somos, sin impostar nuestra voz porque nos resta naturalidad y originalidad, pues sabemos que la voz es la que refleja la personalidad y que mejor herramienta que ésta para acercarnos a los oyente y que estos nos acepten, con esto podemos evitar ser cucufatos e hipócrita.
Muchos pretenden hacernos creer que tener una buena voz y moldearla de acuerdo a lo que ellos nos piden es profesionalismo, pues no, el profesionalismo consiste en entregarse por completo a su audiencia y hacer lo posible para que esta se sienta satisfecha con la programación, entonces esta entrega personal implica la originalidad; la creatividad para superar los problemas y continuar con lo planeado; la capacidad que uno posee para controlar sus nervios e impulsos; la capacidad para motivar a los que están escuchando, es decir lograr que ellos lloren, rían, se enfaden y sientan lo que se les desea transmitir; entonces la profesionalidad no es saber mucho y ufanarse delante de los demás de una voz impostada, profesionalismo es practicar la naturalidad bien entrenada.
Otros aspectos importantes que un locutor o locutora deben tener en cuenta es que se debe pronunciar y articular bien las palabras para no ser parte del ruido que impide la adecuada comunicación, y para esto hay que aprender a respirar adecuadamente: inspirar grandes cantidades de oxígeno y espirar lenta y gradualmente para no quedarse sin aire. También es menester aprender a leer sin dar a notar que se está leyendo, es decir poner énfasis un toque de nuestra gracia para evitar párrafos aburridos que no interesan. Y un aspecto muy importante al igual que los anteriores, nunca por nada del mundo deje de lado los regionalismos y el dialecto de donde provenga y del lugar donde está locutando, que esto le da un toque de familiaridad con la audiencia y con uno mismo. 


REFERENCIAS:
ANDA y Ramos, Francisco, La radio el despertar del gigante, 1era edición, Editorial Trillas S.A., México, 1997.
HOLGADO, Andrea,  Radio itinerante, Ediciones La crujía, Argentina 2011.
http://www.4shared.com/mp3/f9gVMsfs/LOCUTORESSS.html?

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