viernes, 17 de mayo de 2013

ENTRE DRAMAS, LOCOS Y CUÑAS, LA PROGRAMACIÓN ES LA PRIMERA


RESUMEN: la base de una emisora radial es la parrilla de programas que se realiza de acuerdo a la información recaudada sobre los públicos objetivos a los que se dirigen (edad, situación económica, lugar de procedencia, características psicológicas, etc.)  Además para desarrollar la programación radial es necesario tener presente los proyectos de comunicación que haya planteado anticipadamente la radio, es decir definir sus objetivos, su finalidad, su visión, misión, el tipo de soporte económico y el nivel de compromiso que adquiera con la sociedad.
Una vez que se establece nuestra programación es importante decidir los formatos que se va a utilizar, entre ellos se tiene los informativos, musicales, dramáticos, entre otros. En esta oportunidad se desarrollará el género dramático, pues deseamos hacer hincapié en su requerimiento de imaginación desde el momento de plantear el tema, el planteamiento, desarrollo y desenlace del conflicto, hasta la post producción, al momento de incluir los efectos y la música. Asimismo nos referimos al formato más pequeño de todos, las cuñas, que se clasifican de acuerdo a los objetivos que desean alcanzar, así tenemos los publicitarios, los educativos y los promocionales, sea como fuese las cuñas también exigen una dosis alta de imaginación para calar en las actitudes de los oyentes.

PALABRAS CLAVES: programación radial, radio, proyectos de comunicación, audiencia, investigación, locutores, naturalidad, profesionalismo, género dramático, identificación, cuñas, creatividad.
Muchos consideran que hacer radio es simplemente salir a hablar por los micrófonos hasta completar la hora que se les ha asignado, colocar música que le guste a la gente o que sea del agrado del locutor en cualquier horario, comprar una hora en radio para hablar, hablar y hablar, o mezclar al azar cualquier producto radiofónico que rellene las 24 horas de transmisión. Sin embargo, antes de tener locutores que utilicen los micrófonos para dirigirse a la gente, que tener disc-jockey que coloquen música, y que tener un espacio para referirse a cualquier tema o hacer mezclas desacertadas, se debe tener en cuenta que es necesario contar con una estructura que le dé sentido a la radio, que cumpla con los objetivos planteados, que satisfaga expectativas y necesidades de la gente que nos oye. Entonces debe quedar claro que la base de toda emisora radial es la propuesta de programas que se plantee. Pues como dice Montoya y Villa la programación es el alma de la emisora, sobre todo porque se construye en base a las audiencias a la que se dirige la radio con sus programas.
“… es la planeación concertada de todos los gustos, de todas las expectativas, de todos los intereses cuantos grupos existan, es la invitación al trabajo en equipo, es la construcción colectiva de un gran mosaico sonoro e imaginativo que está basado en una investigación de la comunidad.”
No en vano, la estructura programática ha evolucionado, pues lo ha hecho con la finalidad de cubrir todas las expectativas de las diversas audiencias. Inicialmente  la programación era total, es decir ofrecía diversos programas para numerosos públicos al mismo tiempo, y era escuchado por mucha gente porque no había más alternativas. Posteriormente se avanzó a la programación por bloques, la cual le dio fluidez y continuidad a la programación y se mantiene hasta nuestros días, también se experimentó con la programación continua, posteriormente con el desarrollo de las nuevas plataformas de comunicación, como el internet, y las exigencias del público  han conciliado la programación segmentada (los programas varían de acuerdo al público objetivo y a sus variables sociales, psicológicas y físicas) y la programación especializada (trabaja los géneros y los contenidos de acuerdo a su estudio de audiencia).
Además del estudio, conocimiento e identificación con la audiencia para lograr posicionamiento, es imprescindible que toda emisora radial defina sus objetivos y el impacto que desea tener frente a las audiencias y a la sociedad en general.
Entonces programar no es una actividad sencilla, pues requiere una dedicación total: se debe investigar respecto a la audiencia (costumbres, necesidades básicas y sentidas, los gustos y sueños, etc.), requiere planear un proyecto comunicacional  que tenga objetivos y una orientación clara que se base en la investigación que ha realizado a priori. Luego la estructura debe ser equilibrada en contenidos, con unas franjas horarias y un público específico prioritario coherente con el proyecto; además requiere que se estructure internamente cada programa de acuerdo a las investigaciones ( he aquí algunos requisitos de la programación radiofónica: http://www.latindex.ucr.ac.cr/educacion-28-1/14-ARAYA.pdf). Es por eso que Montoya y Villa definen a la programación radiofónica como:
“una ordenación coherente de los distintos programas que se van a emitir de acuerdo a las características de los públicos, de los fines de la emisora…”
Asimismo es importante considerar que una programación radial requiere ajustes, cambios,  actualizaciones y permanentes evaluaciones, para lo cual se debe tener en cuenta las circunstancias, la competencia, los públicos, la estética, calidad y concepción artística que requiere y exige toda emisora que desde un inicio quiere ser grande independientemente de fines que posea (económico, social, cultural, etc.) y del tipo de emisora que constituya (comercial, comunitaria o estatales). Con todas las medidas a tomar en cuenta debemos comprometernos y trabajar para que la programación radiofónica sea masiva (para que llegue a mucha gente), de doble vía ( que permita al oyente ser emisor y receptor), callejera (debe salir al encuentro de su audiencia llevando los programas y las cabinas a las calles), interactiva (las personas participan en la elaboración y reestructuración de la programación continuamente), sensual (que despierte pasiones, emociones y sentimientos a través del lenguaje radiofónico), fantástica y ágil (capacidad para llevarte a otra realidad, de innovar y no aburrir), y que tenga oídos de mujer, es decir que la radio escuche siempre a su audiencia para poder evaluar y mejorar de alguna forma las relaciones sociales y promueva escuchar la palabra del pueblo (radios comunitarias en especial).


Después de  haber realizado adecuadamente la investigación y planteamiento de proyectos, es necesario que se seleccione los formatos que se van utilizar, además de los locutores quienes en una primera instancia van a emitir los mensajes radiofónicos, y quienes también van a escuchar a nuestros oyentes.

¡Un loco adecuado!
Respecto a los locos o locas de la radio, se debe tener en cuenta que un buen locutor no es aquel que mejor imposta la voz, el que tiene más bonita y grave su voz. La calidad de un locutor no radica en su voz en sí, simplemente en la calidez que transmita con ella, las sensaciones que despierte, la identificación y confabulación que logre con la audiencia, esto basada en su naturalidad al momento de hablar, para esto tiene que darle énfasis a las lecturas, debe articular bien las palabras (para lo cual se debe aprender a respirar adecuadamente, hasta el estómago, hasta que el diafragma se eleve, lento y pausado para no dejarse arrastrar por los nervios, el cual es uno de los principales enemigos de los locutores), respetar los silencios orales, escribir para los oídos y no para los ojos, como dice Martínez Albertos (he aquí algunos sabios consejos: http://dspace.ups.edu.ec/bitstream/123456789/413/5/Capitulo3.pdf). El profesionalismo del locutor consiste en entregarse por completo a su audiencia y hacer lo posible para que esta se sienta satisfecha con la programación, entonces esta entrega personal implica la originalidad; la creatividad para superar los problemas y continuar con lo planeado; la capacidad que uno posee para controlar sus nervios e impulsos; la capacidad para motivar a los que están escuchando, es decir lograr que ellos lloren, rían, se enfaden y sientan lo que se les desea transmitir.

Si deseamos que la naturalidad del locutor o locutora se vea reflejada es importante no omitir los regionalismos del vocabulario, y mucho menos modificar los dialectos porque finalmente los oyentes no se sienten identificados y automáticamente cambian de emisora. Entonces se debe trabajar mucho con el gancho principal de nuestra audiencia, los locutores, que más que graduados universitarios deben ser profesionales de la comunicación y las buenas relaciones con los oyentes, para esto no es necesario estudiar, solo tener ganas, disposición para estar ser la cara principal de la radio que estará a disposición de su audiencia.
Como bien lo indica Andrea Hidalgo en su libro Radio itinerante:
“… un locutor debiera ser aquella voz amistosa en la casa, que el radioescucha estuviera tentado a responderle”, y como muchas cosas que suenan sencillas, el hecho de que un locutor pueda hacer esto requiere de una base de educación  especializada, que llegue a ser, en mucho, una parte de el mismo, de tal manera que él y el oyente no estén conscientes de esto.

Grandes productos pequeños
Por otro lado, muchas personas creen que trabajar con enlatados le quita realismo, originalidad y creatividad a los programas radiales, sin embargo eso no sucede, pues estos productos ayudan a complementar las ideas que plantean los locutores, buscan sensibilizar a las personas sobre algún tema que puede ser de interés humano o social, asimismo satisface la necesidad de diversión del oyente, y permite el cumplimiento de la función de entretenimiento, educación e incluso información de la radio.
El género dramático es el que por excelencia nos va hacer llorar, reír, soñar, identificarnos con los personajes, amarlos, odiarlos, etc.  El reto de este género s lograr exactamente lo ya mencionado, a través de la simpatía (a favor del protagonista y en contra del antagonista) y la empatía (identificación con la historia, con el personaje, etc.)
Los productos que pertenecen al género dramático (radioteatro, radionovela, series, cuentos, fábulas, socio dramas, diálogos antagónicos, cartas dramatizadas, etc.) se basan netamente en los conflictos generados por las asperezas entre el querer el poder y el deber. Los conflictos en sinergia con una idea creativa son el punto de partida para definir nuestros argumentos: primero reconocer las locaciones, los personajes y sus respectivos perfiles, el subgénero al que pertenece nuestra historia, y dividir el arco dramático (presentación del conflicto, enriedo del conflicto y desenlace).
Dentro de las alternativas que se puede presentar en nuestras historias podemos considerar los siguientes esquemas argumentales: hay una culpa y varios sospechosos, hay un deseo y otros aspirantes, hay un peligro y pocas escapatorias, hay un misterio y ninguna clave. De acuerdo a cada uno de los  esquemas que elijamos, nos va a ser más sencillo lograr la caracterización de los personajes. Además nos facilita determinar el papel del narrador en caso consideremos necesario su presencia.
La pre producción de los dramas se basa en la elaboración de los guiones, cuyas estructuras deben incluir cruces (combinar diferentes historias), cortes (eliminar lo que no es necesario) y saltos (usar flash back y flash forward si es necesario), para lograr mayor aceptación de la historia en general y seguimiento de la misma. Respecto a la post producción de los formatos dramáticos, es importante incluir efectos, música, silencios, trabajar con planos sonoros para una mejor ubicación espacial. Un buen trabajo en todos los niveles de producción, sobre todo en el último, contribuirá a que los oyentes apelen a sus imágenes auditivas o mentales.



Grandes productos pequeños 
Otro de los grandes pequeños productos son las cuñas, estos son los formatos más cortos, porque en un espacio máximo de 30 segundos puede presentarnos una propuesta muy creativa, llamativa, concreta y completa que queda en nosotros hasta el punto de repetirlo inconscientemente.
Y es que la estrategia más frecuente es la repetición, una y otra vez de las palabras mágicas que harán vibrar nuestro ser y que van a bailar en nuestra memoria.
En el caso de las cuñas publicitarias se atreve a desafiar el inconsciente a través de técnicas psicológicas y la teoría de la motivación para azuzar a los clientes a adquirir un producto o usar un servicio. En cambio las cuñas promocionales son las que identifican a las emisoras y a los programas, buscan captar la atención y más oyentes. También tenemos las cuñas educativas o de servicio público, que tienen la noble intensión de promover la práctica de los valores sociales, para mejorar las relaciones interpersonales y la calidad de vida.
Entre los principales modelos de cuñas que se utilizan son las habladas, dramatizadas, cantadas o jingles, los testimoniales y humorísticos. Cada uno de estos debe acentuar o profundizar el mensaje con un eslogan lo más llamativo posible.
Con las cuñas se da rienda suelta a la creatividad, a la imaginación y a la picardía, pues la intensión que poseen justifica cada una de estas poderosas herramientas para atraer a más personas, para hacerlas reflexionar y sensibilizar con la finalidad que ellos mismos se muevan y actúen en su beneficio (http://www.ae-ic.org/santiago2008/contents/pdf/comunicaciones/195.pdf).

SÍNTESIS CONCLUSIVA:
Con la participación adecuada de los locutores, con el desempeño adecuado de sus funciones cumpliendo a cabalidad con los requisitos de la naturalidad, de no impostar la voz, de saber controlar sus nervios y con ello realizar la adecuada lectura para los oídos; asimismo la producción efectiva del género dramático, cuya exigencia es máxima a nivel de creatividad, de personificación, de pre producción, producción y post producción, y también la exquisitez, variedad, innovación e imaginación que caracteriza a las cuñas en cualquiera de sus modelos, son consecuencia directa de una programación radial eficaz, basada en la información y el los objetivos, intereses y características del medio en su intento por satisface a su audiencia y por servir a la sociedad.

REFERENCIAS:
ANDA y Ramos, Francisco, La radio el despertar del gigante, 1era edición, Editorial Trillas S.A., México, 1997.
HOLGADO, Andrea,  Radio itinerante, Ediciones La crujía, Argentina 2011.
MONTOYA, Alma y Villa, Lucelly, Radio escolar, una onda juvenil para una comunicación participativa, Centro de Comunicación Social, 1era edición, Colombia, 2006.

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